
En El Nombre De Allah Clemente Y Misericordioso

“Que
en verdad creamos al hombre en la mejor armonía, y luego lo
convertimos en uno de los más bajos. Excepto los que creen y
llevan a cabo las acciones de bien, porque ellos tendrán una
recompensa que no cesa.”
(Corán 95, 4-6)
Capítulo Primero
Explicaremos en “Cinco Puntos”, entre
miles, las virtudes de la fe.
PRIMER PUNTO:
A través de la luz de la fe, el hombre se eleva a lo más
alto de toda su escala logrando un valor que le hace merecedor del
Paraíso. Mediante la oscuridad de la incredulidad, desciende a
lo ínfimo de toda escala. Se convierte en un merecedor del
infierno. Porque la fe enlaza al hombre con su Creador Todo Glorioso.
La fe es una relación. Por ello, el ser humano obtiene su
valor mediante el arte de la virtud Divina y de las inscripciones de
los nombres Divinos, las cuales llegan a manifestarse en él a
través de la fe. La incredulidad quebranta dicha relación.
Debido a esta ruptura el arte Divino se esconde. Su valor entonces,
se reduce al de su material, y dado que la materia sólo tiene
una vida transitoria, su valor queda reducido a la nada. Explicaremos
este misterio mediante una comparación.
Por ejemplo: En las artes, el valor de un material
difiere del valor de la obra. A veces ambos valores son iguales, a
veces un material vale más que la propia obra de arte y otras
veces ocurre que un elemento de hierro, que vale cinco centavos se
convierte en una obra de arte que vale cinco dólares. Quizás,
a veces una obra de arte antigua vale un millón de dólares
pero su material no llega a costar ni cinco centavos.
Una obra de arte antigua, si se lleva al mercado, se
expone y se anuncia con el nombre de su famoso artista podría
venderse por un millón de dólares. Pero, si llevamos la
misma obra a un mercado de chatarra, podríamos recibir cinco
centavos por el valor del hierro con el que está hecho.
Así, el hombre, es la obra perfecta del Creador
Todo Poderoso y es el reflejo más sutil y milagroso de Su
Poder, ya que fue creado como una manifestación de todos Sus
Bellos Nombres e inscripciones y en la forma de un minúsculo
ejemplo del Universo.
Una vez que la luz de la fe se haya instalado en el ser
humano, todas las inscripciones significativas podrán ser
reconocidas. Como creyente, lo reconocerá concientemente y
hará que los demás lo observen mediante esta relación,
es decir, con el arte Divino en el hombre se manifiestan los
significados como: “¡Heme aquí, obra del Altísimo
Creador y Su Criatura, mirad como en mí, se manifiestan Su
misericordia y generosidad!” Es decir que la fe, que consiste
en estar conectado con nuestro Creador, refleja todas las obras de
arte en el hombre. El valor del hombre estará acorde al de
esta obra Divina, y por ser el espejo de Un Suplicante Eterno.
Entonces, una persona insignificante se convierte en destinatario del
discurso Divino, y es superior a todas las criaturas y es un invitado
de Allah merecedor del Paraíso.
Sin
embargo, si la incredulidad que rompe la relación con Allah se
establece en el ser humano, todos los significados de las
inscripciones de los Bellos Nombres de Allah caen en la oscuridad y
no se leen. Porque, si el Creador es olvidado, los aspectos
espirituales relacionados con Él no serán comprendidos
y se producirá todo lo contrario. La mayoría de esas
sublimes obras de arte tan significativas quedarán ocultas. El
resto, es decir, lo está a la vista, será atribuido a
causas ínfimas, a la naturaleza o a la casualidad y sólo
conduce a su decadencia. Así, aunque cada uno sea un diamante,
se volverá un cristal opaco y oscuro. Su importancia quedaría
limitada tan sólo a su apariencia física y animal. Y
como hemos dicho, el propósito y el fruto de su cuerpo físico
es tener una vida corta y parcial como un animal impotente, débil
y lleno de necesidades, para luego decaer y dejar de existir. Vean
cómo la falta de fe destruye la esencia humana y la transforma
de diamante a carbón.
SEGUNDO PUNTO:
Del mismo modo que la fe es la luz que ilumina al hombre y que hace
leer todas las cartas Divinas inspiradas en el ser humano, de igual
modo la fe ilumina el Universo también, salva el pasado y el
presente de la oscuridad.
Explicaré este misterio con una comparación
que tuve en mi visión y que se refiere a uno de los
significados del siguiente versículo:

“Allah es Protector de
los que creen; los saca de las tinieblas a la luz.”
(Corán 2, 257)
Fue así: en una visión que tuve, había
un puente construido entre dos montañas muy altas enfrentadas
entre sí. Debajo del puente había un río de gran
profundidad. Yo estaba parado sobre el puente. Una gran oscuridad
había cubierto cada rincón del mundo. Miré a mi
derecha y vi una inmensa tumba envuelta en tinieblas; es decir, así
apareció en mi visión. Miré a mi izquierda y fue
como si hubiera visto gigantescas olas de tinieblas en cuyas entrañas
se hallaban agitados huracanes y tormentas aterradoras. Miré
debajo del puente y descubrí un abismo sin fondo. En toda esta
aterradora oscuridad sólo tenía una simple linterna y
pude ver un poco con su débil luz. Vi un espectáculo
absolutamente aterrador. Vi leones, bestias, y monstruos a mi
alrededor y sobre el puente, así que dije: “Ojalá
que no hubiera tenido esta linterna y no hubiera visto este
espectáculo aterrador”. Recibí las mismas
visiones aterradoras por todos lados a donde giré la linterna.
“¡Allah mío!, esta linterna sólo
me trae mala suerte”, dije. Así, enfadado, tiré
la linterna contra el suelo y se rompió. Al hacerse pedazos,
como si hubiese tocado el interruptor de una gigantesca bombilla
eléctrica, de repente se iluminó todo aquel paisaje
haciendo desaparecer por completo toda esa oscuridad. Todo se llenó
con la luz de la bombilla y pude ver lo que pasaba en realidad.
Vi que aquel puente no era más que un camino que
atravesaba una planicie. Esa tumba que había visto a mi
derecha no era más que un grupo de personas rodeadas de
jardines hermosos que alababan a Allah, recitaban, servían y
rendían culto liderados por hombres iluminados. En cuanto
aquel inmenso abismo sin fondo y aquellos fenómenos extraños
que acontecían a mi izquierda eran pues, simplemente montañas
magníficamente arboladas, adornadas y agradables detrás
de las cuales había un inmenso lugar elevado de festejo,
recreación y placer. Y esos feroces monstruos, y bestias que
imaginaba ver, eran animales domésticos como camellos, bueyes,
corderos y cabras.

Declarando:
“Todas
las alabanzas a Allah por la luz de la fe”,
recité
el versículo,
“Allah es Protector de
los que creen; los saca de las tinieblas a la luz.”
(Corán 2, 257)
y desperté de mi visión.
Entonces,
aquellas dos montañas son el principio y el fin de la vida, es
decir, este mundo, y el intermedio (antes de llegar a la morada
final). Aquel puente es el sendero de la vida. La parte derecha
representa el pasado y la izquierda, el futuro. La linterna es el
egoísmo del ser humano y su orgullo que sólo confía
en lo que sabe y que no escucha la Revelación Divina. En
cuanto a las bestias y monstruos feroces, son los sucesos y criaturas
que existen en el mundo.
Así,
el hombre que sólo cuenta con su egoísmo y orgullo, cae
en la oscuridad del descarrilamiento y lo embargan las mortales
ataduras de la ignorancia. Su caso sería igual que el mío
como al principio de la visión que tuve: está con una
linterna de luz débil que, mediante un conocimiento deficiente
y desviado, hace ver el pasado como una gran tumba que yace en las
tinieblas de la inexistencia. Muestra el futuro como un páramo
tormentoso y desolado gobernado por las leyes de la coincidencia y el
azar. Asimismo, hace ver a los acontecimientos y a los seres que han
sido creados, ordenados y sometidos por el Todo Clemente y Muy Sabio,
como bestias y monstruos devoradores... Una persona de este tipo
sería un ejemplo de lo mencionado en la siguiente aleya:

“Pero
los incrédulos tienen como protectores a los taguts que los
sacan de la luz a las tinieblas; ésos son los compañeros
del Fuego donde serán inmortales”
(Corán, 2: 257)
Pero
si el ser humano se atiene a guía Divina y si la fe halla
camino en su corazón, si su vanidad y orgullo se derrumban y
escucha el Libro de Allah, entonces estará en una situación
parecida a la mía en la segunda parte de mi visión.
Así, el universo de repente tendrá el color del día
y se llenará con la luz de Allah. El mundo recitará la
aleya:

“Allah
es la luz de los cielos y de la tierra.”
(Corán 24: 35)
Entonces
esa persona verá con el ojo de corazón que el pasado no
es una gran tumba sino un lugar donde los espíritus
purificados de cada siglo realizan sus deberes de adoración,
bajo el liderazgo de un profeta o un evliya,
y ellos exclaman:

“Allah es el Más Grande”
habiendo
terminado los deberes en sus vidas, vuelan a moradas elevadas, y
pasan al futuro. Mirará a su izquierda y con la luz de la fe
distinguirá de lejos un lugar de festejo del Más
Misericordioso, donde hay palacios de bendiciones con jardines del
Paraíso, más allá de las inmensas revoluciones
del Reino Intermedio y del Más Allá. Y se dará
cuenta de que las tormentas, los terremotos y los eventos
desafortunados, son funcionarios sumisos. Comprenderán que
estos sucesos, tal como las tormentas de primavera y las lluvias, que
parecen ser calamidades, son en realidad una gentileza de Allah.
Incluso verá la muerte como el principio de la vida eterna y
la tumba, como la puerta a la felicidad infinita. Tú mismo
puedes aplicar otros aspectos de la realidad a este ejemplo.
TERCER PUNTO: La
fe es la luz y la fuerza también. Sí, el hombre que
logra la fe verdadera puede desafiar al Universo y sortear las
dificultades de la vida. Al decir: “Ya me he encomendado a
Allah”, navega con seguridad y paz en el barco de la vida
atravesando las gigantescas olas de adversidades. Deja toda tu carga
en la poderosa mano del Todo Poderoso, navega tranquilo por el mundo
y descansa en la Morada Intermedia. Luego podrá volar al
Paraíso para entrar a la Felicidad Eterna. Sin embargo, si no
se encomienda a Allah, las cargas mundanales no le permitirán
volar sino que lo harán hundirse en lo más profundo.
Es decir que la fe necesita la afirmación de
la Unidad Divina, la Unidad Divina necesita de la sumisión, la
Sumisión a Allah necesita de la confianza en Allah y esta
confianza nos guiará hasta la felicidad tanto en este mundo
como en el Otro.
Pero no lo mal entiendas, la confianza en Allah
Altísimo no es rechazar las causas en su totalidad, sino
conocer que las causas son el velo de la mano del Poder Divino y han
recurrido a él. Aferrarse a las causas es considerar una forma
efectiva de súplica, es observar los efectos del Omnipotente
Allah, es reconocer que los resultados son sólo de Él,
Alabado Sea, y también consiste en estar agradecido a Él.
Una persona que se ha encomendado a Allah y otra que
no, son comparables a los dos hombres del siguiente ejemplo:
Un cierto día dos hombres cargados con cosas
pesadas sobre sus cabezas y espaldas compraron un pasaje y subieron a
bordo de un inmenso barco. Una vez embarcados, uno de ellos puso su
carga sobre la cubierta y se le sentó encima para cuidar lo
que llevaba. El otro, sin embargo, era necio y orgulloso y no dejó
su carga. Cuando le dijeron: “Pon lo que llevas en la cubierta
y descansa”, él respondió: “No, no la
dejaré. Quizás, se pierda. Soy fuerte, la sujetaré
encima de mi cabeza y de mi espalda.”
Entonces le dijeron: “Este barco real es seguro y
carga con todos nosotros, es más fuerte que tú, nos
protege muy bien. También, es posible que pierdas el
conocimiento y caigas al mar con tu carga. A la larga perderás
tu fuerza, tu espalda débil y tu cuerpo agotado no podrán
soportar por mucho tiempo la carga y se hará cada vez más
pesada. Si te viera el capitán así, pensaría que
estás loco, te echaría u ordenaría que te
encarcelaran, y pensaría: ‘Este hombre es un traidor que
no confía en nuestro buque y se burla de nosotros’. Así
serás el hazmerreír de todos. Porque, quienes te
observan de verdad, pueden ver tu debilidad manifestada por tu
soberbia, tu impotencia manifestada por tu orgullo y tu humillación
e hipocresía manifestada por tu presunción. Así,
tú mismo te has convertido en el hazmerreír de la gente
y todos se burlarán de ti”.
Después de escuchar estas palabras, el hombre
entró en razón, puso su carga en la cubierta y se sentó
encima. Entonces dijo: “Oh, gracias, que Allah se complazca
contigo, me he salvado de la fatiga, de la prisión y de la
burla”
¡Tú que aún no te has encomendado a
Allah! Tú también, como este hombre, entra en razón
y encomiéndate a Allah para poder librarte de rogarle al
universo, de temblar ante cualquier cosa que te suceda, de hacer el
ridículo por tu orgullo, de provocar una vida miserable en la
Vida Eterna y de encerrarte en la cárcel de las presiones
mundanales.
CUARTO PUNTO:
Ciertamente, la fe hace del hombre un verdadero ser humano; hace de
él, aún más, un soberano. Por ello, su misión
básica es la fe y la súplica. La incredulidad, lo
convierte en un animal feroz muy incapaz.
Entre las mil diferencias que hay entre un ser humano y
un animal, la forma en que ambos vienen al mundo es un claro
testimonio y una prueba fehaciente. Así es, ésta
diferencia demuestra que el ser humano es humano precisamente gracias
a la fe.
Porque un animal, cuando viene a este mundo, nace como
si antes se hubiera complementado y perfeccionado en otro mundo; es
decir, se le envía así. Aprende en el transcurso de dos
horas, o dos días, o dos meses, todas las condiciones de su
vida; acerca de sus relaciones con los demás seres y las leyes
de su propia vida y entorno. Nace con una habilidad innata. El
gorrión y la abeja, por ejemplo, perfeccionan sus habilidades
prácticas para sobrevivir en veinte días mientras que
el hombre tarda veinte años en adquirirlas; es decir, que los
animales se inspiran desde su origen. Entonces, la misión
principal del animal no es perfeccionarse mediante el aprendizaje y
la adquisición de conocimientos, ni debe recurrir a la suplica
como manifestación de incapacidad, sino según sus
aptitudes. Su deber principal es a adoración activa.
En cuanto al hombre, cuando viene al mundo se le
presenta la necesidad de aprender todo. Ignora las reglas de la vida
ni podrá comprenderlas en veinte años. Necesita
aprender durante toda su vida. Además, es enviado al mundo de
una forma muy débil e incapacitado para hacer nada, y recién
puede ponerse de pie en uno o dos años. Puede discernir entre
el bien y el mal quizás en quince años más. Y
aprendiendo de la experiencia de otros, atrae cosas buenas para sí
mismo y evita las que no lo son.
Todo eso significa que la misión innata del
hombre es perfeccionarse con el aprendizaje y manifestar su adoración
y estar al servicio del Altísimo, mediante la súplica.
Es decir, hay que saber las respuestas de estas preguntas: “¿Por
la compasión de quién mi vida es administrada
sabiamente de esta manera? ¿Por la generosidad de quién
soy criado de esta forma tan misericordiosa? ¿Por la gentileza
de quién me nutro y soy cuidado tan delicadamente?” Y
hay que rogar y suplicar al Proveedor de Necesidades a través
de la lengua de la impotencia y la pobreza. Y, es pedir y suplicar.
O sea, con alas de impotencia y de pobreza, es volar hacia el más
alto nivel de adoración y servicio de Allah.
Es decir, el ser humano llega a este mundo para
perfeccionarse mediante el conocimiento y la súplica. Con
respecto a su naturaleza y sus habilidades, todo está
conectado al conocimiento. Y la base, la esencia, la luz y el
espíritu del verdadero conocimiento es conocer a Allah, y el
cimiento de esta base es creer en Allah.
Puesto que el hombre está sujeto a innumerables
sucesos, problemas, agresiones y ataques de sus enemigos, dada su
condición de absoluta incapacidad y dadas sus interminables
necesidades y deseos, a pesar de su ilimitada pobreza; su función
natural básica sería, después de la fe, la
súplica. La súplica es la base para adorar y servir a
Allah.
Un niño llora o grita para obtener algo que no
puede alcanzar, ruega física o verbalmente con la lengua de
su impotencia hasta que obtiene lo que quiere. De la misma manera, el
hombre, es como un niño mimado y delicado en el mundo de seres
vivos. Deberá llorar con su impotencia y debilidad o suplicar
con su pobreza y necesidad en el Juzgado del Más
Misericordioso y Compasivo, hasta que pueda conseguir lo que desea o
bien, pueda dar las gracias si ya recibió lo que había
pedido.
Si no, como un niño tonto que se molesta por una
mosca, dirá: “Con mi propia fuerza, yo subyugo las cosas
que son imposibles de subyugar. Y con mis ideas y por mis propios
medios hago que ellas me obedezcan” y así, entra en la
incredulidad y es ingrato con las recompensas que recibe. Y como esto
va contra la naturaleza innata del hombre, se convierte a sí
mismo en merecedor de un castigo severo.
QUINTO PUNTO: La
fe necesita de la súplica como medio para satisfacer
necesidades, y la naturaleza humana la desea profundamente, Allah,
Alabado sea, declara:

“Di: ¿Qué
atención os iba a prestar Mi Señor de no ser por
vuestra súplica?”
(Corán 25: 77)
Lo que significa, en otras palabras, “¿qué
importancia tendrías si no Me ofrecieras súplicas?”
Allah ordena:

“Llamadme y os
responderé”. (Corán
40: 60)
Si dices:
Frecuentemente ofrecemos súplicas pero no se aceptan. Sin
embargo, este versículo es general. Declara que se contesta a
cada súplica.
La Respuesta:
Responder es una cosa y aceptar es algo muy diferente. Cada súplica
tiene su respuesta. Pero aceptar, responder y dar lo que se pide
depende de la sabiduría de Allah Misericordioso.
Por ejemplo: Si un niño enfermo llama al médico:
“¡Doctor! ¡Doctor!” y le contesta: “Aquí
estoy, ¿qué quieres?” El niño le dice:
“Dame esta medicina”. El médico le dará la
medicina que le pide, o le dará otra que sea más
conveniente para él, o bien no le dará ninguna sabiendo
que es perjudicial para su salud.
Así, Allah Misericordioso, que es Todo Presente
y Que Todo Lo Ve, responde a lasj6 súplicas de sus creyentes.
Mediante su presencia y respuesta Él transforma la melancolía
de la soledad y el desamparo en la alegría de la unidad
fraternal. Pero lo hace según su Sabiduría Divina, no
por el capricho o por las inoportunas demandas del hombre. Él
le dará lo que pide, otra mejor o no le dará nada.
También, la súplica es una de las formas
que el ser humano tiene para adorar, reconocer y servir a Allah. Los
frutos de la súplica pertenecen al Otro Mundo. Las razones
mundanas son los tiempos de las súplicas y adoraciones
especiales. Por ejemplo, los rezos y las súplicas de lluvia
son también actos de adoración. La sequía es el
tiempo específico para realizar estas oraciones. No son para
atraer la lluvia. Si se hacen solamente con esa intención,
estas súplicas y oraciones no serán sinceras y no serán
merecedoras de aceptación. La puesta de sol es el tiempo para
el rezo del ocaso. El eclipse lunar y solar es el tiempo de dos
oraciones particulares que se llaman ‘Salat Kusúf y
Jusúf’. Es decir, al oscurecerse los dos signos
luminosos del día y de la noche, Allah manifiesta Su Poder
Infinito e invita a sus creyentes a realizar un tipo de oración
específica en esos momentos. Está claro que este rezo
no es para que salga el sol o la luna (estos fenómenos y el
tiempo que durarán pueden ser determinados por los
astrónomos).
Del mismo modo, la sequía es el momento para
realizar el rezo de la lluvia. Y la aparición de calamidades y
ataques dañinos son los tiempos de rezos particulares que el
humano realiza con impotencia, y a través de la súplica
busca refugio en la Corte del Poseedor del Poder Absoluto.
A pesar de que se haya suplicado mucho, si las
calamidades no se disipan aún no se dirá que las
súplicas no se han aceptado, sino que se dirá: “el
tiempo de súplica no ha cumplido todavía”. Si
mediante la misericordia y la magnificencia del Omnipotente Allah se
disipa la calamidad, luz sobre luz, el tiempo de la súplica se
ha terminado. Es decir que la súplica significa adoración
y es la forma en que el ser humano admite ser siervo de Allah.
La forma de adorar y de servir a Allah debe ser sincera
y sólo por Allah. El ser humano tiene que proclamar su
impotencia y debe buscar refugio en Allah a través de la
súplica. No debe intervenir en Sus Decisiones Divinas. Debe
dejar que Él tome las medidas que sean necesarias y debe
confiar en Su Sabiduría. No debe exigir Su Misericordia.
En verdad lo que fue establecido por estos claros
versículos del Corán es que, tal y como todos los seres
ofrecen sus glorificaciones y adoraciones particulares, así
también lo que asciende desde todo el Universo a la Corte
Divina, es la súplica.
Esto se logra a través de la lengua por la
habilidad innata -como las súplicas que realizan las plantas y
animales- por la cual, cada uno, mediante esta lengua, busca una
forma del Otorgador Absoluto, y manifiesta Sus Divinos Nombres.
O a través de la lengua de las necesidades
innatas. Son súplicas para las necesidades esenciales -las que
parecen inalcanzables- de todos los seres vivos. A través de
la lengua, los seres vivos buscan ciertas cosas del Generoso Absoluto
para continuar con sus vidas, como una especie de subsistencia.
O con la lengua de la exigencia, a través de la
cual todos los seres con alma que se encuentran en apuros y tienen
dificultades, realizan súplicas y buscan amparo urgente en un
protector desconocido que, en realidad, no es otro que El Sostenedor
Compasivo. Si no hay nada que lo impida, estas tres clases de súplica
son siempre aceptadas.
La cuarta clase de súplica es la más
conocida: nuestra súplica. Y también este tipo es de
dos formas: una, activa y con predisposición, y la otra,
verbal y del corazón.
Por ejemplo, recurrir a las causas
es una súplica activa. Juntar
las causas no es para crear un efecto, sino que se intenta, a través
de la lengua de la predisposición, lograr una posición
aceptable para buscar el efecto de Allah Todopoderoso. Arar la
tierra, pues, es llamar a la puerta del tesoro de misericordia,
porque este tipo de súplica está relacionada con el
Nombre y el Titulo del Generoso Absoluto y se acepta en la gran
mayoría de casos.
El segundo tipo, es suplicar verbalmente y con el
corazón. Es desear aquello a lo que no se puede llegar. El
aspecto más importante, el objetivo más bello, la fruta
más dulce de eso es: “El hombre que reza entiende que
hay Alguien que escucha los deseos de su corazón, Cuya mano sí
es capaz de llegar a todo y que sólo Él puede cumplir
todos los deseos, Quien se apiada de su impotencia, y responde a su
pobreza.”
Así, ¡Oh, impotente y pobre ser humano! No
dejes un medio como la súplica, que es la llave del tesoro de
misericordia y es el objeto de fuerza inagotable. ¡Aférrate
a ella! ¡Elévate al pico más alto de la
humanidad! Como un rey, incluye en tus súplicas, todas las
súplicas del Universo.

Di: “Sólo en Ti
buscamos ayuda.” (Corán
1: 5) como un siervo de Allah y un fiel
representante de todo el Universo. ¡Que seas, pues, de los
mejores ejemplos de la Creación!
* * *
Capitulo Segundo
Este capítulo consiste de cinco notas sobre la felicidad y la miseria del hombre.
[El hombre ha sido creado como el modelo más
excelente de todo y está dotado de las habilidades más
comprensibles; él ha sido arrojado a una arena de examen donde
puede subir a lo más alto o caer en lo más bajo, de la
tierra al Trono Divino y de las partículas pequeñitas
hasta el sol; ha sido enviado a este mundo como un poderoso milagro y
es el resultado de la creación y del excelente arte Divino
frente al que se han abierto dos caminos que lo guían, hacia
arriba o hacia abajo del infinito. Así, explicaremos el
misterio de este maravilloso progreso y decadencia del hombre en
“Cinco Notas”.]
PRIMERA NOTA: El
hombre necesita la mayoría de las cosas del Universo y se
interesa por ellas. Sus necesidades se extienden a todas partes del
Universo y sus deseos se extienden a la eternidad. Tal como quiere
una flor, quiere la primavera. Tal como desea un jardín, desea
el Paraíso Eterno. Tal como necesita que le abran la puerta
cuando visita a un ser amado que vive en otro lugar, del mismo modo,
para visitar al 99% de sus amigos que ya han viajado a la morada
intermedia y se han salvado de la separación eterna, necesita
refugiarse en la Corte del Todopoderoso Quien cerrará la
inmensa puerta de este mundo y abrirá la puerta que exhibe las
maravillas de la Otra Vida. Es Él Quien va a quitar este mundo
para sustituirlo por el Otro.
Así, el ser humano que se encuentre en esa
situación tendrá como único Objeto de Adoración
Quien tiene en la mano las riendas de todo, Quien tiene a Su lado
todos los tesoros, Quien todo Lo ve, Quien es Todo Presente, Quien no
está limitado por el espacio, Quien está exento de
impotencia y libre de equivocación; el Todo Poderoso de
Gloria, el Todo Compuesto de Belleza, el Poseedor de Sabiduría
de Perfección.
¡Eh, tú!, si crees únicamente en Él
y eres Su siervo fiel, ganarás un grado superior a todas las
criaturas. Si te resistes a servirle sólo a Él, serás
degradado hasta convertirte en esclavo de las criaturas impotentes.
Si te confías a tu ego y a tu propio poder y abandonas la
confianza en Allah y en la súplica, y si te desvías en
el orgullo y soberbia, entonces, con respecto a lo bueno y a la
creación, descenderás a una escala tan baja como la de
una hormiga o una avispa y quedarás más impotente que
una araña o una mosca. Con respecto a lo malo y a la
destrucción, serás más pesado que la montaña
y peor que la pestilencia.
¡Oh, sí, ser humano! Tú tienes dos
aspectos: uno es el aspecto de la creación, lo bueno, lo
positivo y los actos; el otro es la destrucción, lo malo, lo
negativo y la inactividad. Respecto al primer aspecto, eres menos
que una avispa o un gorrión y más débil que una
araña o una mosca. Respecto al segundo aspecto, tú
sobrepasas a las montañas de la tierra y de los cielos. Tú
cargarás con lo que ellos expresaron su impotencia delante de
ella. Así ganas un poder más grande y extenso del que
ellos tienen. Mientras que si tú haces algo bueno o creativo,
lo puedes hacer bien con las limitaciones de tu poder y fuerza propia
y hasta donde pueda llegar tu mano. Si haces el mal o destruyes,
entonces tu maldad abarcará todo y tu destrucción se
extenderá.
Por ejemplo: la incredulidad es maldad, destrucción
y ausencia de afirmación. Pero esta única maldad abarca
la desvalorización de todo el Universo, desvaloriza todos los
Nombres Divinos, y abusa de la humanidad. Porque estos seres tienen
un rango altísimo y una misión muy importante. En
realidad ellos son la carta Divina, espejos Divinos y funcionarios
Divinos.
La
incredulidad, sin embargo, los expulsa de sus grados de ser reflejos,
funcionarios y representantes de Allah y los reduce a un nivel
absurdo y son juguetes de la casualidad. Y a través de la
destrucción de la muerte y de la separación, los
rebaja al grado de ser una sustancia efímera que decae
rápidamente, quitando y desvalorizando su importancia. Y,
también mediante la negación insulta a los Nombres
Divinos, a las inscripciones, a las manifestaciones y a las bellezas
que se ven por todas las partes del Universo y en los espejos de los
seres vivos. Y lo degrada a la posición más humilde,
débil, impotente y necesitada del más insignificante de
los animales y así pierde el rango de apoderado de Allah en la
tierra como ser humano. Porque el ser humano es como una oda
perfectamente escrita que manifiesta los Nombres Sagrados Divinos, y
es como una semilla del milagro evidente del Poder Divino que
contiene a todos los miembros de un árbol eterno y quien,
asumiendo “la Confianza Suprema”, llegó a ser lo
más alto de la tierra, del cielo y de las montañas,
ganando superioridad a los ángeles. La incredulidad lo reduce
al nivel de ser como un letrero lleno de indicaciones sin sentido,
confusas y que se deteriora rápidamente.
Resumiendo: respecto a la destrucción y a hacer
el mal, el espíritu que se rige por la maldad puede cometer
infinidad de crímenes; pero con respecto a la creatividad y al
hacer el bien, su poder es parcial y limitado. Sí, puede
destruir una casa en un día pero no puedes construirla en cien
días.
Sin embargo, si el ser humano deja el egoísmo y
busca el bien y la asistencia Divina, si se aleja del mal y de la
destrucción, si confía en el espíritu y llega a
ser un verdadero siervo de Allah que busca Su perdón, entonces
será una manifestación del significado del siguiente
versículo:

“Allah les sustituirá
sus malas acciones por buenas”. (Corán
25: 70)
La capacidad infinita de esa persona para hacer el mal
se transformará en una capacidad infinita para hacer el bien.
Tendrá el valor de “el Más Excelente de los
Modelos” y ascenderá a lo más alto de la escala.
Así, ¡eh, ser humano desatento!, observa
que tan grande es la generosidad y la munificencia de Allah
Todopoderoso. Aunque sería justo registrar una mala acción
como si fueran mil, y un acto de bien como uno solo, o incluso nada,
Allah registra una mala acción como una sola, y una buena
acción, como una, o diez, o a veces setenta, setecientas o
hasta siete mil.
De esta nota tienes que entender que entrar en el
terrible infierno es una retribución justa por el mal que se
ha hecho, mientras que entrar en el Paraíso es generosidad
pura.
SEGUNDA NOTA: El
ser humano tiene dos caras: una, relacionada a su egoísmo,
presta atención a la vida mundanal; la otra, relacionada a
cómo adorar y servir a Allah, presta atención a la Vida
Eterna.
Con respecto a la primera, el ser humano es una
criatura tan miserable que su capital consiste solo en lo siguiente:
de su voluntad sólo tiene una capacidad de selección
tan pequeña como un cabello; de su poder, tiene una habilidad
débil para conseguir algo; de su vida, como una llama que dura
poco y se extingue rápidamente; y de su ser, su pequeño
cuerpo insignificante que se deteriora rápidamente. En
resumen, el ser humano es un ser delicado, tan sólo un
individuo débil entre los innumerables seres que habitan los
diferentes niveles del Universo.
Con respecto a la segunda, y especialmente en cuanto a
su impotencia y pobreza en relación al servicio de Allah,
cobra amplia y vasta importancia. Porque Allah, Creador Omnisciente,
ha puesto en la naturaleza del hombre una impotencia infinita y una
gran pobreza ilimitada para que pueda ser un espejo extensivo que
contenga las innumerables manifestaciones del Todopoderoso y
Compasivo cuyo poder es infinito, y es el Poseedor de Toda
Generosidad y Riqueza.
Ciertamente que el ser humano parece una semilla. Una
semilla a la cual El Poder Divino le ha otorgado ciertas facultades
inmateriales y significativas, así como también un
sutil y valioso programa por Determinación Divina, para que
pueda trabajar debajo de la tierra y, emergiendo de ese estrecho
mundo, pueda entrar en el ancho mundo del aire y, al pedirle a su
Creador (con la lengua de la disposición) ser un árbol
y pueda encontrar una perfección digna de sí mismo. Si
a causa del mal temperamento, esta semilla usa esas facultades
inmateriales que se le han dado para atraer sustancias perjudiciales
para sí misma en la tierra, en poco tiempo se pudrirá y
se echará a perder en ese estrecho lugar sin obtener ningún
beneficio. Pero, si esta semilla se encomienda al mandamiento del
Creador, que dice:

“Por cierto que Allah
hace que germinen el grano y el hueso del dátil”. (Corán
6: 95)
y, si emplea bien estas facultades inmateriales,
emergerá de ese estrecho mundo y, habiéndose convertido
en un gran árbol cargado de frutos, su realidad
particularmente pequeña y su espíritu tomará la
forma de una realidad Universal y extensiva.
De la misma manera, el Poder Supremo y el Determinador
Divino, ha depositado en la naturaleza del ser humano facultades
significativas y programas valiosos. Si el hombre usa esas facultades
para satisfacer los deseos de su espíritu y para darse gustos
insignificantes debajo de la tierra de la vida mundanal en los
estrechos confines de este mundo terrenal, se echará a perder
y se descompondrá en medio de dificultades, en una corta
vida, en un espacio reducido, como una semilla podrida, y hará
responsable de esto a su desafortunado espíritu y después
partirá de este mundo.
Si por el contrario, el ser humano nutre la semilla de
sus habilidades con el agua del Islam, con la luz de la fe bajo el
suelo de la adoración y el servicio de Allah, cumple con los
mandamientos del Sagrado Corán y si usa sus facultades
inmateriales para sus verdaderos objetivos, estas darán como
resultado ramas y retoños en el Mundo de las Similitudes y en
la morada intermedia. Será así una semilla de gran
valor y una maquina brillante que contiene los frutos de un árbol
perpetuo y una realidad permanente que se convertirán en
innumerables perfecciones y generosidades en el Paraíso. Y
será una fruta bendecida y luminosa del árbol del
Universo.
Sí, el progreso verdadero es dirigir las caras
del corazón, del espíritu, de la inteligencia y también
de la imaginación y otras facultades sutiles otorgadas al
hombre hacia la Vida Eterna para que cada una esté ocupada
exclusivamente en la adoración que lo hará merecedor de
ella. Quienes están mal guiados imaginan que el progreso es
sumergirse en cada pequeño detalle de la vida mundanal y, para
saborear todo tipo de placeres (aún de los más
ínfimos), someter a un espíritu desviado a todas las
facultades del corazón y de la mente para que lo asistan.
Hacer esto no es progresar, es decaer. Yo presencié este hecho
en una visión que describiré en la siguiente
comparación:
Yo estaba entrando en una ciudad grande cuando noté
que estaba llena de inmensos palacios. En las puertas de algunos de
estos palacios había un jolgorio que, como si estuvieran en un
teatro brillante, llamaba la atención de todos y los
entretenía. Miré con atención y me di cuenta de
que el dueño de uno de esos palacios esta en la puerta jugando
con un perro y ayudando en el jolgorio. Las señoras se
complacían conversando de cerca con jóvenes de malos
modales. Las niñas más grandes organizaban los juegos
de los niños más pequeños. Y el portero había
asumido el rol de director de todos ellos. Entonces me di cuenta de
que dentro del gran palacio estaba completamente vacío. Los
deberes importantes estaban sin hacer. La moral de sus habitantes
había caído tan bajo que exponían sus roles en
la puerta.
Seguí caminando hasta que llegué a otro
palacio grande. Vi que en la puerta había un fiel perro
echado, y un severo y taciturno portero de aspecto mediocre.
Quise saber. ¿Porqué unos son así
y otros no son así? Entre allí. Vi que la parte de
adentro era muy bonita. En cada piso, la gente del palacio estaba
ocupada realizando los quehaceres diarios. Los hombres del primer
piso organizaban la administración y se preocupaban de las
necesidades. En el piso de arriba las niñas les enseñaban
a los niños. Encima de ese piso, las señoras estaban
ocupadas realizando bellas artes y hermosos bordados. Y en el último
piso, el noble intercambiaba noticias con el rey y estaba ocupado con
sus sagrados deberes para mantener la tranquilidad de la gente y sus
propios logros y progresos. Nadie me prohibió la entrada
porque nadie me podía ver, así que entré y
deambulé por allí. Después salí y miré
todo alrededor. En toda la ciudad existían esos dos tipos de
palacios. Pregunté y me dijeron: “Los palacios donde hay
fiesta en la puerta y la parte de adentro está vacía
pertenecen a los infieles más destacados y a la gente mal
guiada. Los otros pertenecen a los musulmanes notables”. Luego,
en una esquina encontré un palacio en cuya puerta estaba
escrito mi nombre: Said. Me causó mucha curiosidad. Miré
más de cerca y me pareció como si viera mi imagen
reflejada en la puerta. Perplejo, grité, volví en mí
y me desperté. Y voy a interpretar ésta visión
para ti. Que Allah cause un bien de ello.
Esta ciudad era la vida social humana y la de la
civilización del hombre. Cada uno de los palacios era un ser
humano. La gente de los palacios eran las facultades sutiles del
hombre como sus ojos, oídos, corazón, pensamientos,
espíritu, intelecto y cosas como el espíritu caprichoso
y el poder de la lujuria y de la ira. Cada facultad del hombre tiene
una misión diferente al servicio de Allah. El espíritu
caprichoso y los poderes de la lujuria y de la ira son como el
portero y el perro. Así, someter las facultades sutiles y
benditas a un espíritu caprichoso, y hacerles olvidar sus
deberes fundamentales es ciertamente declinar y no es progresar.
Puedes interpretar el resto tú mismo.
TERCERA NOTA:
Con respecto a sus actos, obras y labores, el hombre es un animal
débil, una criatura impotente. La extensión de su poder
de disposición y posesión es tan limitada que no llega
más allá de lo que alcanza su mano. Los animales
domésticos, cuyas riendas están en manos de los seres
humanos, comparten una parte de esa debilidad, impotencia y pereza
del hombre, tal es así que si se los compara con sus pares
salvajes, se ve una gran diferencia (como la diferencia entre cabras
y vacas de un rebaño y las salvajes).
Pero, en cuanto a la pasividad, aceptación,
súplica y ruego, es un pasajero honrado en esta casa de
huéspedes que es el mundo. Él es un huésped de
Alguien tan Generoso que le abrió los tesoros infinitos de la
misericordia y sometió innumerables sirvientes al servicio del
hombre. Y una esfera tan grande se le ha preparado para recreación,
diversión y beneficio de este huésped que su diámetro
es tan largo y ancho como al que puede llegar la imaginación.
Así, si el humano se confía a su ego y
hace de su vida mundana su objetivo, y trabaja para ciertos placeres
temporales en su lucha por vivir, se agobiará en un espacio
extremadamente limitado y después desaparecerá. Todos
los sistemas y todas las facultades dadas al hombre atestiguarán
contra él en la resurrección y traerán una
petición en su contra. Pero, si él sabe que es un
huésped y gasta el capital de su vida dentro de lo que le
permite Quien es su Anfitrión Generoso, se esforzará
por obtener la eterna, para luego relajarse y descansar. Así,
él puede elevarse a lo más alto.
Del mismo modo, todas las facultades dadas al hombre
atestiguarán favorablemente en el Otro Mundo. Ciertamente,
todas las facultades maravillosas dadas al hombre no son para su vida
mundana insignificante, sino para una vida eterna de gran
significación. Porque si comparamos al hombre con los
animales, veremos que el hombre tiene cien veces más
facultades que los animales. Pero con respecto a los placeres
mundanales, el hombre desciende cien veces más abajo que los
animales. Porque por cada placer que recibe, hay una huella de mil
dolores. Los dolores del pasado y miedos del futuro, y el dolor de
cada placer estropea lo que ha gozado con él, y deja una
huella en su placer. Pero los animales no son así. Ellos
reciben placeres sin dolores. Tienen gozo sin pena. Ni las penas del
pasado les hacen sufrir, ni los miedos del futuro los angustian.
Viven en paz y dan gracias a su Creador.
Entonces el hombre, que se creó con el valor de
los modelos más excelentes, si restringe su mente a esta vida
mundana, descenderá cien veces por debajo de un animal como el
gorrión aunque respecto a su capital el humano sea cien veces
superior. En otra ocasión ya he explicado esta verdad por
medio de una comparación. Es el momento de volver a
explicarla.
Un hombre le da diez piezas de oro a uno de sus
sirvientes y le ordena que se haga un traje de una tela en
particular. A otro sirviente le da mil piezas de oro con una nota
escrita que le pone en el bolsillo y lo envía al mercado. El
primer esclavo compra un traje excelente con las diez piezas de oro.
El segundo, por descuido, viendo al primer esclavo, sin leer la nota
que tiene en su bolsillo, da las mil piezas de oro a un tendero y
pide un traje. El tendero, deshonesto, le da un traje de la peor
calidad. Este irresponsable sirviente, se lo entregó a su
señor y recibió una reprimenda y un castigo terrible.
Así, hasta el menos inteligente entenderá que las mil
piezas de oro dadas al segundo sirviente no sólo eran para
comprar un traje, sino para negociar algo más importante.
Por lo tanto, cada órgano y facultad sutil del
hombre ha crecido a un nivel cien veces más amplio que el de
los animales. Por ejemplo: Reflexiona sobre las facultades del ser
humano, como los ojos que pueden discernir todos los grados de la
belleza, o como la lengua, que con el gusto puede distinguir todas
las variedades de sabores particulares de los alimentos, o como su
mente, que puede analizar los puntos más profundos de
realidad, o como su corazón, que suspira por toda clase de
perfección; y luego reflexiona sobre los órganos
extremadamente simples de los animales que sólo se han
desarrollado en uno o dos grados. Existe sólo esta diferencia:
en los animales, una facultad específica para una función
y de una especie en particular se desarrolla más. Pero ese
progreso es específico.
La razón de la riqueza del hombre con respecto a
sus facultades es la siguiente: a causa de la mente y del
pensamiento, las sensaciones y los sentimientos del hombre se han
desarrollado y extendido mucho. Y por sus múltiples
necesidades, se formó una gran variedad de emociones. Y sus
sensaciones son muy diversas. Y por su naturaleza tan integral, sus
deseos se diversifican sobre muchas cosas. Y también por tener
muchos deberes innatos, sus órganos y facultades han crecido
mucho. Y como ha sido creado con una naturaleza capaz realizar
cualquier clase de adoración, se le han dado habilidades que
contienen las semillas de todas las perfecciones.
Así, esta gran riqueza en facultades, este
inmenso capital no le fue dado para procurarse esta vida mundana
temporal; sino, para cumplir el deber fundamental del hombre, que, es
dirigir sus misiones hacia innumerables objetivos y proclamar su
impotencia, su pobreza, y sus errores a través de la oración;
y observar las glorificaciones de lo existente con un ojo universal y
atestiguarlas. Y tener agradecimiento por la asistencia del Más
Misericordioso con ofrecimientos y, con-templando los milagros del
poder Divino sobre todo lo que existe, aprendiendo de ellos con una
mirada abierta.
¡Eh hombre!, adorador de este mundo, amante de la
vida mundana e ignorante del secreto del más excelente de los
modelos. El viejo Said vio la realidad de la vida mundana en una
visión. Escucha esta comparación para comprender cómo
me transformé en un nuevo Said.
Me vi como un viajero que emprendía un largo
viaje, es decir, que alguien me enviaba. Mi amo me daba dinero poco a
poco, 60 piezas de oro que él me había asignado. Lo
gasté y llegué a un hospedaje muy divertido. En este
hospedaje, en una noche gasté diez piezas de oro en juegos de
azar, en entretenimientos y en buscar la fama. Por la mañana
no tenía nada de dinero. No pude hacer negocios. No pude
comprar nada para el lugar a donde iba. Lo que me quedó de
todo ese dinero eran pecados y dolores, y de los entretenimientos
sólo quedaron heridas y pesares. Mientras yo estaba en este
estado terrible, un hombre apareció de repente. Y me dijo:
“Has perdido todo tu capital y te mereces un
castigo. Te irás a tu destino en quiebra y con tus manos
vacías. Pero, si tienes sabiduría, la puerta del
arrepentimiento está abierta. Cuando te den las quince piezas
de oro que faltan, guarda la mitad. Es decir, compra algunas cosas
que necesitarás a dónde vas”.
Lo miré, pero mi espíritu no estaba de
acuerdo con eso.
Entonces él dijo:“Un tercio, pues.”
Aún así, mi espíritu no lo aceptó.
Entonces él dijo: “Un cuarto.”
Pero mi espíritu no podía abandonar el
mal hábito al cual ya era adicto, entonces el hombre se dio la
vuelta enfadado y se fue.
De pronto, la escena cambió. Vi que yo estaba en
un tren que descendía rápidamente por un túnel.
Me asusté pero no podía hacer nada, no me podía
escapar a ningún lado. Extrañamente, flores atractivas
y frutas tentadoras aparecieron a ambos lados del tren. Y yo, como un
tonto sin experiencia, las miré y estirando mi mano traté
de tomarlas. Pero ya que estas flores y frutas tenían espinas
que rasgaron e hicieron sangrar mis manos. Con el movimiento del tren
mis manos resultaron heridas y me dolían mucho.
De pronto, el guarda del tren me dijo: “Dame
cinco monedas de oro y te daré cuantas flores y frutas
quieras. Te has causado daño por un valor de cien monedas de
oro rasgando tu mano, mucho más de lo que yo te pido. Además
hay un castigo, no puedes tomarlas sin permiso”.
Con
angustia saqué mi cabeza por la ventanilla del tren, y miré
hacia adelante para ver cuánto faltaba para terminar. Vi que,
a la salida del túnel aparecían muchos agujeros a donde
muchas personas eran arrojadas desde el tren. Vi un agujero en frente
mío con una lápida. La miré sorprendido porque
vi mi nombre escrito sobre la lápida: “Said”.
Absolutamente sorprendido, dije “¡Ay!”. Después,
escuché, de pronto, al hombre que me había dado
consejos en la puerta del hospedaje.
Me dijo: “¿Ya te has dado cuenta?”
Dije: “Sí, me he dado cuenta, pero ya es demasiado tarde”.
Entonces dijo: “Arrepiéntete, y
encomiéndate a Allah”.
Le respondí que así lo haría.
Entonces me desperté y me vi como un nuevo Said, el anterior
ya no estaba.
Y esa fue mi visión. ¡Que Allah cause un
bien de ella! Yo interpretaré una o dos partes y luego tú
podrás interpretar el resto.
El viaje era el trayecto que se recorre desde el mundo
de los espíritus, al vientre de la madre, de la juventud, a la
ancianidad, del cementerio, a la región intermedia, de la
resurrección (pasando por el puente), a la eternidad. Las
sesenta piezas de oro eran sesenta años de la vida y estimo
que cuando tuve esta visión tendría cuarenta y cinco
años. No tenía nada para garantizarlo, pero un
estudiante sincero del Corán Omnisciente me aconsejó
que dejara la mitad de las quince piezas de oro que me quedaban para
la vida eterna. Mi hospedaje era Estambul. Este tren era el tiempo y
cada vagón, un año. En cuanto al túnel era la
vida en este mundo. Las flores y frutas con espinas eran los placeres
ilícitos y los entretenimientos prohibidos que causan dolor,
porque mientras nos complacemos con ellos, también sufrimos
por su desaparición, y alejarnos de ellos nos hacen sangrar y
nos rompe el corazón. También esto nos hace merecedores
de un castigo. El guarda del tren me había dicho que le diera
cinco monedas de oro que él me daría cuantas flores y
frutos quisiera.
La interpretación de esto es la siguiente: los
placeres y entretenimientos que el hombre recibe lícitamente
dentro de lo que le está permitido son suficientes. No le hace
falta entrar en lo ilícito. Tú puedes interpretar el
resto.
CUARTA NOTA: El
ser humano se parece a un niño delicado y mimado. Sin embargo,
existe una gran fuerza en su debilidad y un gran poder en su
impotencia porque es por la fuerza de su debilidad y por el poder de
su impotencia que los seres vivos se han sometido ante él.
Si el hombre comprende su debilidad y ofrece súplicas
verbales, y si con su estado y su conducta reconoce su impotencia y
busca ayuda cumpliendo las gracias de ese afecto obtendrá sus
deseos y sus objetivos serán dominados por él ya que
con su propio poder no los puede obtener. Sólo a veces
incorrectamente atribuye la satisfacción de su deseo a su
poder propio, que ha obtenido por las súplicas ofrecidas
mediante la lengua de su disposición.
Por ejemplo: La fuerza en la debilidad de un pollito
provoca que la gallina madre ataque a un león. Y es alimentado
por ella a pesar de que es salvaje y está hambrienta. Así,
esto es un asunto de atención, una fuerza en la debilidad, una
manifestación de la misericordia Divina que merece ser
destacada...
Tal
como un niño infeliz llora y pide, o con su estado melancólico
somete sus deseos a sí mismo y fuerzas notables se someten a
él, así que no puede conseguir ni uno de sus miles de
deseos y con su fuerza miles de veces más que tiene. Es decir,
porque su debilidad y su impotencia provocan la compasión y el
cuidado sobre él, pueden someter a un héroe ante sí
con su dedo meñique. Ahora, un niño así que
niegue esta compasión y abuse de este cuidado con orgullo, y
diga; “Los domino con mi propia fuerza”, por supuesto
recibirá un castigo.
De la misma manera,
como Karun, si alguien dice:

“Lo que se me ha dado es
gracias a un conocimiento que tengo.” (Corán
28: 78)
es decir; “yo
lo gané con mi sabiduría y potencia propia”
por supuesto que también se merece un castigo.
Entonces,
esto
significa
que la
dominación
del
ser humano,
los
avances
humanos
y
los
logros
de
la
civilización,
que
deben
ser observados,
se
han
sometido
a
él,
no porque
él los haya atraído, o
por haberlos conquistado
a
través del combate,
sino
por
su
debilidad.
Ha
contado
con ayuda
a
causa de
su
impotencia.
Se
le han
concedido
debido
a
su
indigencia.
Él
se
ha
inspirado
con
ellos
debido
a
su
ignorancia.
Se
les
ha dado
él
debido
a
su
necesidad.
Y la razón
de su dominación no es su fuerza ni su poder de conocimiento,
sino la compasión y la clemencia del Sostenedor, con Su
misericordia y sabiduría Divina que han hecho que todo lo que
exista se someta ante él. Sí, lo que hace el hombre,
que derrota a los insectos como los escorpiones sin ojo y a los
serpientes sin pies, se viste de seda mediante un gusano pequeño
y come la miel mediante un insecto venenoso, no es por su propio
poder, sino porque Allah Misericordioso ordena que así sea a
cause de la debilidad del ser humano.
¡Eh, ser humano! Si la realidad es así;
deja el orgullo y el egoísmo. En la corte Divina, proclama tu
impotencia y debilidad con la lengua de la ayuda, y tu pobreza y
necesidad con la lengua del ruego y de la súplica, y demuestra
que eres Su siervo y di:

“Allah nos basta y Él
es el mejor Protector”. (Corán
3: 173) y elévate. Y,
no digas: “No soy nada, ¿qué importancia tengo
que, este Universo se somete intensivamente a mí por Un Todo
Poderoso Absoluto; y se piden las gracias completas de mi parte?”
Porque tú por supuesto no eres nada respecto a tu espíritu
y tú forma. Pero, desde el punto de vista de los deberes y del
rango que tienes, tú posees el valor de ser un observador
atento de este Universo majestuoso, y de ser una lengua que habla
elocuentemente de esta existencia perfecta, y de ser un discerniente
lector de este libro del Universo, y de ser un superintendente
glorioso de los seres evocadores, y de ser un capataz de respeto de
estas criaturas que se maravillan con glorificaciones.
¡Eh,
ser humano! Tú, respecto a tu cuerpo físico-vegetal, y
a tu espíritu animal eres un sordo parcial, una partícula
despreciable, una criatura pobre, un animal débil que te vas
tirando entre los movimientos de los seres existentes. Pero
perfeccionándote con la educación del Islam el cual
está iluminado con la luz de la fe la cual consiste en
irradiación del amor Divino, como humano, y siendo siervo de
Allah, eres un Rey y dentro de tu individualidad eres un todo
completo, y dentro de tu pequeñez eres un Universo. Y dentro
del desprecio, tu rango es muy grande y eres un observador con una
facultad tan extensa que, puedes decir: “Mi Sostenedor
Compasivo hizo del mundo una casa para mí. E hizo del sol y de
la luna unas lámparas para mi casa, y de la primavera un ramo
de rosas, y del verano una mesa repleta de comidas con generosidad y
del animal un sirviente para mí. E
hizo de las plantas, un surtido de decoraciones para mi casa.”
Para
concluir: Si haces caso a Satanás y al espíritu
maligno, descenderás a lo más bajo. Pero si escuchas la
Verdad y el Corán puedes elevarte a lo más alto y serás
el modelo más excelente del Universo.
QUINTA NOTA: El
hombre es enviado a este mundo como un funcionario y huésped
dotado de habilidades muy importantes. Y según estas
habilidades se le han confiado muchas misiones importantes. Y también
él ha sido dotado con una gran fortaleza de ánimo y con
el peso de amenazas severas para hacerle trabajar para estos
objetivos y deberes. Aquí resumiremos los deberes
fundamentales de los seres humanos como siervos de Allah que
habíamos explicado en otra parte para que se entienda el
secreto de “El Modelo Más Excelente”.
Así, cuando el ser humano
llega a este universo, tiene dos aspectos en lo que respecta a adorar
y a servir a Allah. El primer aspecto
es: la adoración y la
contemplación en ausencia del Objeto de Adoración. El
otro aspecto es: la adoración y
la súplica en Su presencia y dirigiéndose a Él
directamente.
El Primer Aspecto es: Afirmar
sencillamente la soberanía del Dominio aparente en el
Universo, observar la maravilla de sus perfecciones y virtudes.
Después, proclamar y anunciar las únicas
artes que consisten en las inscripciones de los Nombres Sagrados
Divinos mostrándolos a los demás.
Después, sopesar con las escalas de la mente,
las joyas de los Nombres Divinos que cada uno tiene como un tesoro
inerte escondido, y apreciarlas con admiración valorándolas
con el corazón.
Después, estudiar las páginas de la
existencia, que significan la carta manuscrita con la pluma del Poder
Divino, y las páginas de la tierra y del cielo, y reflexionar
sobre esta maravilla.
Después, contemplando admirablemente los adornos
y las artes sutiles de la existencia, sentir el amor por el
conocimiento del Todo Creador Hermoso y anhelar la ascensión
a la presencia de Su Hacedor Todo Perfecto y recibir su alabanza.
Segundo aspecto:
Es el estado de presencia y dirección que, del arte pasa al
Hacedor y ve que Un Hacedor Todo Hermoso quiere darse a conocer e
informarse a Si Mismo a través de los milagros de sus artes
propias. Y él contesta con la fe y el conocimiento.
Después ve que: Un Sostenedor Todo Compasivo
quiere hacerse amar a Si Mismo con las frutas sutiles de Su
misericordia. El también, se hace querer confiando en su
propio amor y adoración.
Después
ve que: Un Benefactor Todo Generoso lo domina con deliciosos favores
materiales y espirituales, y él, a cambio de esto Le da las
gracias, con sus actos, su conducta, su palabra, y si pudiese, con
todos sus órganos y facultades.
Después ve que: Un Todo
Hermoso y Glorioso anuncia Su tremenda perfección y Su gloria
y Su belleza en los espejos de esta existencia y atrae sus miradas
atentas. Entonces, dice a cambio: “Allah
es supremo. Qué la gloria sea a Allah.”
y con humildad se prosterna ante Él
con amor y maravilla.
Después
ve que: Un Poseedor de riqueza absoluta está mostrando su
ilimitada riqueza y tesoro con una generosidad absoluta. El ser
humano, a cambio, exaltándole y rezándole, ruega y pide
expresando su deseo total.
Después ve que: Este Creador
Todo Glorioso ha hecho la faz de la tierra como una exhibición.
Demuestra todas sus obras de arte allí. Y él, a
cambio, diciendo “¡Qué
maravilla Allah ha deseado!”
con aprecio, diciendo, “¡Qué
bendiciones Allah ha ofrecido!”
con admiración, diciendo, “¡Glorificado
sea Allah!” con
maravilla, diciendo, “Allah es
supremo.” con
asombro, responde.
Después ve que: Un Único de Unidad, en
este palacio del Universo, pega sellos de Unidad encima de todas las
existencias con Su inimitable firma y con Sus sellos, con Sus signos
especiales a Él, con Sus declaraciones. Y está
incrustando los testimonios de la Unidad. Y está planteando la
bandera de la Unidad en cada región del mundo. Y, proclama Su
Dominio. Y él, a cambio, responde con la aceptación,
con la fe, con la unidad, con la adoración, con la afirmación
y sirviéndole.
Así, por la adoración y contemplación
de estas clases, él se convierte en una persona verdadera. Por
la prosperidad de la fe puede ser un dirigente confiable de la
tierra, digno de consigna universal.
¡Eh, persona descuidada! Tú,
que has sido creado en el modelo más excelente y estás
descendiendo hasta la escala más baja por sus malas
elecciones, ¡escúchame! Yo también como tú,
con la embriaguez de la juventud, el descuido de ver un mundo hermoso
y bonito, cuando me desperté de la embriaguez de la juventud
en la mañana de la ancianidad vi que, qué fea era la
cara de este mundo que no se relaciona con el otro, pensaba que era
bonita, y qué bella era la cara verdadera relacionada con el
otro mundo. Tú también mira los dos “carteles”
en el Segundo Estado de La Decimoséptima Palabra, y lo verás
tú también.
El Primer Cartel:
muestra
la
realidad del
mundo de
las personas
negligentes,
que
hace mucho
tiempo, como
la gente
extraviada, vi
a través
del velo
de la
negligencia,
pero
sin
estar
embriagado.
El Segundo Cartel: indica
la realidad
de los
mundos
de
las
personas
bien guiadas.
Lo dejé
en
la forma en
que fue
escrito hace
mucho tiempo.
Parece un poema pero no lo es...
“¡Gloria
a Ti! No tenemos más conocimiento que el que Tú nos has
enseñado. Tú eres, en verdad, el Conocedor perfecto, el
Sabio.”
(Corán 2:32)
“Señor
mío, abre mi pecho, haz fácil mi misión y desata
el nudo de mi lengua para que puedan comprender lo que digo”.
(Corán
20: 25-28)
¡Oh, Allah!
Bendice la esencia unitaria de Muhammad, el Sol en los cielos
misteriosos y la manifestación de luces, el centro de la
órbita de la gloria y el polo de la esfera de la belleza. ¡Oh,
Allah! Por su misterio en Tu presencia y por su viaje hacia Ti,
socorre mis miedos, y enderézame cuando tambaleo, y disipa mi
dolor y mi avaricia, y sé mío, y llévame de mí
mismo hacia Ti, y ampárame de mi auto-aniquilación, y
no me hagas cautivo de mi alma y no cubras mis sentidos, y revélame
todos los secretos ocultos, ¡Oh, Eterno y Autosuficiente! ¡Oh,
Eterno y Autosuficiente! Y garantiza Tu misericordia para mí y
para mis compañeros y para los creyentes y el Corán.
Amen. ¡Oh, Tú, el Más Misericordioso de los
Misericordiosos y el Más Generoso de los Generosos!
Y el final de su
oración sería: Todas las alabanzas son para Allah, el
Sustentador de todos los mundos.

* * *
Traducido por Mehmet Yüceli
Corregido por Lic. Vacide Lorena Lara
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